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domingo, 12 de diciembre de 2010

En la frontera de dos mundos: el de la muerte y el del juego, de lo frívolo y de lo desolado; que resume una paradoja; el horror al mundo, el horror por uno mismo, que ha de emperifollarse adecuadamente para que sea digno y soportable.



La Rochefoucauld es para el lector español poco más que un nombre muy sonoro adherido a una célebre colección de máximas ingeniosas y despiadadas; un moralista en un sentido muy neutro, de una asepsia casi clínica, y sin referencias religiosas; un escritor mundano con ingenio, distinción y esnobismo; "un clásico".


-La verdad hace menos bien en el mundo que mal hacen sus apariencias.

- La suerte lo transforma todo en provecho de aquellos a quienes favorece.

-La dicha y la desdicha de las personas depende tanto de su condición natural como de la suerte.

-En los celos hay más amor propio que amor.

-Nuestra cordura está tan a merced de la suerte como todo lo que tenemos.

-Sólo las personas despreciables temen ser despreciadas.

-Se puede ser más astuto que otro,  pero no más astuto que todos los demás.

-La inocencia encuentra mucha menos protección que el crimen.

-Son incontables todas las especies de vanidad.