jueves, 4 de septiembre de 2014

TOMAS RODRIGUEZ RUBI. El Torero. En España el torero es una planta indígena, un tipo esencialmente nacional. Y decimos nacional, no porque todos los españoles expongan el bulto o sean diestros, sino porque es el país donde desde la antigúedad se conoce el toreo, y donde únicamente germina y se desarrolla la raza de los chulos y banderilleros.



Hay quien asegura que los romanos introdujeron los espectáculos de tauromaquia en España  poco después de la conquista; pero a lo más podrán ser una derivación de las fiestas de los hijos de Rómulo, en cuyos circos se admitían todas las fieras útiles para la lucha con los hombres condenados a perecer sobre la sangrienta arena del anfiteatro. No era, ciertamente, el gallardo toro la fiera destinada entonces para ejercer el oficio de verdugo, que tan bien desempeñaban los leones, tigres, osos y panteras; y por esta razón , y por el silencio que guardan los historiadores contemporáneos, es de suponer que no fueran los romanos los primeros adalides del  toreo.   
Con más fundamento puede creérsele originario de los árabes, andaluces y de los galantes caballeros de la Edad Media, porque es sabido que estos y aquellos corrían toros y cañas, donde como en los torneos, ostentaban su destreza y bravura delante de la belleza y de lo más lucido de la Corte. Y aquí sí que los toreros de la edad presente pueden, si no lo han por enojo, envanecerse con su arte por lo remoto de su origen, y decir a los que por su susceptibilidad consideran esta profesión deshonrosa, que por espacio de muchos siglos fue ejercida por  lo más entonao y lusío de la nobleza española. 

Nada menos que el ilustre don Rodrigo Díaz de Vivar, el famoso Cid Campeador, está a la cabeza de los toreros más crúos y de más empuje que se han conocido, por haber sido el primero que mató de una lanzada un toro en la plaza de Valencia...


                                      Marpin y la Rana

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