sábado, 25 de enero de 2014

ESQUILO (525-456 a.C) El padre de la tragedia. Las cosas ahora están como están y acabarán en lo que ya ha decretado el destino.

Ni encendiendo el fuego para el sacrificio ni derramando libaciones podrá calmarse la inflexible ira que denota la ofrenda no consumida por la llama. (No consumirse la ofrenda en el fuego es prueba de que los dioses rechazan el sacrificio)
Como nosotros no pudimos aportar nuestra ayuda por la vejez de nuestras carnes, sino que fuimos eximidos de la expedición vengadora de entonces, aquí quedamos, apoyando en el báculo nuestra fuerza, ya tan débil como la de un niño, porque a la savia infantil que brinca dentro del pecho le pasa como a la vejez: no tiene en ella Ares su puesto (Esto es, no sirve para la guerra). Del mismo modo, la extrema vejez de un follaje ya del todo seco avanza con sus tres pies por los caminos y anda de un lado a otro no con mayor facilidad que un niño pequeño, como la imagen de algo soñado que se presentase en pleno día.





                                                   Marpin y la Rana.

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