lunes, 14 de octubre de 2013

¡Buscamos los valores perdidos de los seres humanos! PLATÓN. Diálogos por la mañana.

Sócrates.- La percepción y el saber nunca serán la misma cosa.

Teeteto.- Parece que no, Sócrates. El saber es algo diferente de la percepción.

Sócrates.- Pero nosotros no comenzamos a dialogar para descubrir lo que no es el saber, sino para descubrir lo que es. Sin embargo, hemos adelantando lo suficiente como para no buscarlo de ninguna manera en la percepción, sino en aquella otra actividad que desarrolla el alma cuando se ocupa en sí misma y por sí misma de lo que es.

Teeteto.- Yo creo, Sócrates, que a esta actividad del alma se le llama opinar.

Sócrates.- Tienes razón, amigo mío. Así es que ahora, dado que has prescindido de todo lo anterior, tienes que considerar de nuevo la cuestión, comenzando por el principio. Vamos a ver si, después de haber avanzado hasta aquí, tienes una perspectiva mejor. Dime, pues, una vez más qué es el saber.

Teeteto.- No se puede decir que lo sea toda opinión, porque hay también opiniones falsas. Ahora bien, es posible que la opinión verdadera sea saber. Ésta es mi respuesta. Sí, al avanzar, cambiamos de parecer, intentamos definirlo de otra manera.

Sócrates.- Así es como hay que hablar, con resolución y no como al principio, que vacilabas al contestar. Efectivamente, si procedemos así, una de dos, o llegamos a descubrir lo que estamos buscando o estaremos menos convencidos de saber lo que no sabemos en manera alguna. Tal recompensa no sería, ciertamente, despreciable. ¿Qué es, pues, lo que afirmas ahora? Hay dos clases de opinión, la una, verdadera, y la otra, falsa. Tú das como definición del saber la opinión verdadera. ¿No es así?,

Teeteto.- Sí, en efecto, así es como lo veo ahora...



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